Nuestro Planeta, Natacha
Alfaguara Infantil presenta
NUESTRO PLANETA, NATACHA, de Luis Pescetti
El martes 29 de noviembre el libro estará disponible para la venta anticipada en la librería El Ateneo Grand Splendid (Av. Santa Fe 1860), y a partir de la primera semana de diciembre se podrá conseguir en todas las librerías del país.
Con motivo de este lanzamiento tan esperado por los seguidores de Natacha, el psicólogo y psicoterapeuta Miguel Espeche escribió el siguiente texto que queremos compartir con todos ustedes:
"Las escenas del nuevo libro de Luis Pescetti dicen desde sí mismas, sin necesidad de andar explicando demasiado. Aparecen y se describen en la pura acción de los vinculos que se despliegan en cada página. No son discursos pontificios, no son palabras llenas de buenas intenciones insoportables, lejanas y pasteurizadas, no son descripciones culpógenas del Apocalipsis... son vida y más vida, en un universo que, como una línea de puntos, va encontrando sentido creciente a medida que el texto se va desplegando.
Los párrafos que Luis genera acompañan a los lectores con gran calidez. Pone en palabras un universo que solo desde la intimidad afectuosa se puede abordar, con la evidente intención de gestar una cercanía que hace bien. Lo hace sin adoctrinar, sin asustar y sin distraer con zonceras.
La historia pivotea en chicos de un colegio que deben hacer un trabajo sobre el Planeta encargado por la maestra. En el camino, esos chicos aprenden cosas impensadas. Se pelean contra la idea, se preguntan si vale defender a especies que, en todo caso, se dedican a depredar a otras tanto como los humanos hacemos con ellas, se juntan con los del otro sexo para descubrir que es interesante lo que surge de ese intercambio...
En medio de todo eso, aparecen los padres, las madres, las abuelas y, en particular, las amistades, en una edad en la que esa dimensión de pares hace de referencia cada vez más importante para quienes, crecimiento mediante, van intensificando su pertenencia a ese mundo que está “más allá” de la familia nuclear.
Si evocamos nuestra propia infancia, seguramente recordaremos escenas que vivimos en solitario, esas que ni la literatura nombraba como para marcarnos que era “normal” sentir lo que sentíamos. Bueno... Luis logra acompañar muchas de esas vivencias, como cuando describe al chico que, ya pasado de la edad que, se supone, habilita para hacerlo, subrepticiamente busca sus soldaditos, temeroso de ser descubierto, para jugar con ellos de forma clandestina. Imaginar un sinfín de lectores que ven en esa escena una legitimación de su sentir tan típico de púber, es más que grato y marca otra arista generosa del texto.
Teniendo en cuenta que esa puja entre la adolescencia que llega y la infancia que se va yendo no es vivida armoniosamente por muchos chicos y chicas, el solo hecho de que la escena sea relatada, sin más, es una bendición, un acto de adulto que ilumina el camino, sin pontificar, solo mostrando las cosas desde una mirada de sobrio amor que sana y ofrece paz.
Luis Pescetti no rehuye a la pedagogía. No la enuncia, la ejerce, y eso está muy bueno. Lo hace, como se decía, mostrando (sinónimo de “enseñando”), lo que de por sí es ya un acto pedagógico directo y sin adjetivación suntuaria.
Tal el caso de lo que pasa entre las generaciones. Hay una abuela que contagia ganas de vivir porque ella se siente viva. Es así que se vuelve horizonte para una nieta que la mira subyugada y, casi sin percatarse, con un deseo de emulación que, sin dudas, será la mejor vacuna contra los peligros de la vida. Es que, sabemos, cuando una persona quiere llegar a algún lugar, es más difícil que quede atorada en el camino, sobre todo cuando el punto de destino es un punto al que se quiere llegar de corazón y no solo por mandato.
Digamos que en esa abuela se esconde un secreto, el secreto del libro: se cuida lo que se ama y ella, la abuela, ama la vida y contagia ese amor. En ese amor está la clave de lo que, en definitiva, es la salvación del planeta. Por eso, como se decía al principio, no hay Apocalipsis en el libro de Luis Pescetti. Lo que aparece es el proceso de generar ganas de cuidar la casa (el planeta) porque se ama esa casa, no por culpa, no por miedo, no por hacerse los buenos y políticamente correctos... se cuida porque se desea, y se desea porque en los vínculos palpitan los intereses, como el de enamorarse, el de tener amigos, el de crecer, sabiendo que allá, en el horizonte hay algo bueno esperando, como bien lo demuestra la abuela que pinta y se divierte en Facebook...
El mundo de Pescetti no es un mundo desinflado ni desangelado. Los chicos encuentran el sentido a ser caballeros al incorporar en su trabajo la mirada y el gusto de sus compañeras de ruta: las chicas. Ellas se percatan de que ellos, los varones, son algo más que compulsivos jugadores de pelota. Los lugares se diferencian, no se apelmazan, por eso los chicos son chicos, y las chicas son chicas, así como los adultos son lo que son, diferenciados muy bien respecto de los niños y niñas de la historia. En tiempos de mezcolanza confusional y angustiante, el mapa nítido que ofrece el texto ayuda a que, desde la diferencia, se pueda valorar y querer la idiosincracia ajena, sin pretender que sea igual a la propia. Eso, sin dudas, es buena pedagogía.
Pescetti no inventa un mundo, lo describe. Por eso es congruente y por eso tantos lo leen: porque se dan cuenta que bajo el “relato” del desasosiego que está siendo moda desde hace algún tiempo (largo ya), existe ese mundo de chicos y chicas, de docentes, de padres, de abuelas y de amigos y amigas que palpitan, vitales, mientras el mundo gira hacia su destino.
Bien se dice en este libro delicioso: el planeta no nos necesita para salvarse: en unos años (y el planeta es especialista en tener paciencia) se limpiarán los plásticos, los petroleos, las suciedades que sepamos generar. Somos nosotros lo que nos salvaremos si nos iluminamos desde la amistad, el entusiasmo, el amor y una idea “angelada” del mundo, idea que Luis, un buen maestro, sabe enseñar con su generosa prosa y la riqueza alegre y genuina de sus personajes."
Miguel Espeche es licenciado en Psicología y psicoterapeuta clínico. Desde 1997 es coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital “Dr. Ignacio Pirovano” de la Ciudad de Buenos Aires. En ese programa, que incluye más de 270 talleres de ayuda mutua, funciona el “Sindicato de Padres”, en cuya experiencia se basa parte de los conceptos desarrollados por el autor. Ha coordinado talleres y dado numerosas charlas y conferencias en la Argentina y en el exterior, organizadas por instituciones públicas y privadas, como la Fundación Proyecto Padres y la Fundación Pérez Companc, entre otras. Es asesor de contenidos, redactor de la “Guía para Padres” y supervisor del Programa “Vivamos Responsablemente” de la Cervecería y Maltería Quilmes. Es columnista y conferencista de la revista Sophia en temas de paternidad y vínculos, columnista de la revista Nuestros Hijos (Miami, EE.UU.) y ha escrito una larga serie de colaboraciones para el diario La Nación. Publicó el libro Penas de amor. Casos y actitudes frenteal dolor emocional (1997).
Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S.A.
Av. Leandro N. Alem 720 (C1001AAP)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel.: (011) 4119-5000
E-mail: info@santillana.com.ar